La Pelvis, tu centro de poder.

Si te digo que toques tu cabeza, seguro que eres capaz de hacerlo rápidamente. Ahora los hombros, seguro que no tuviste ningún problema en identificarlos. Bien, ahora toca tu pelvis, es posible que no haya sido tan fácil. Esta zona del cuerpo entre la parte baja de la espalda y el vientre hasta las caderas es más desconocida porque está relacionada con los aspectos más tabús y secretos: la digestión y la defecación, la micción y el sexo. Durante el transcurso de nuestra vida, ciertas circunstancias van a ir consolidando nuestro sistema de supervivencia, y estas memorias se manifiestan en gran parte en este espacio pélvico. El miedo, el estrés, y todas las reacciones de “lucha o huida” pueden reflejarse en el funcionamiento de estos órganos y músculos que habitan en el espacio pélvico, modificando la función normal de cómo vamos al baño o cómo somos capaces de retenernos, así como la capacidad de relacionarnos sexualmente y sentir placer. Pero aún puede ir más allá, tocando nuestro sentimiento de impotencia, humillación, dolor, rigidez, falta de control, comunicación, y dificultad para soltar y relajarse. Tanto si tenemos que enfrentarnos a problemas de salud, como si tenemos que enfrentarnos a una dificultad en el trabajo/emprendimiento, o en las relaciones personales, la perspectiva con la que lo vivimos va a ser más valiosa que lo que vivimos en sí. Vivirlos desde la reactividad, la defensiva o la evitación, o bien decides afirmarte profundamente desde la raíz de tu centro pélvico, y sentirte seguro en ti, independientemente de la situación externa, porque sólo cuando eres estable aquí, puedes abrir los brazos a lo nuevo y desconocido, sin miedo, pero con curiosidad y entrega. Si no conocemos este centro pélvico, tan sólo seremos víctimas de lo que sentimos o lo que nos ocurre, de manera que el sistema nervioso autónomo funcionará lo mejor que pueda según tus circunstancias y tu comportamiento. Cuando conocemos y aprendemos el funcionamiento de este centro pélvico, nos damos cuenta que aquí reside el poder profundo de nuestro ser. Los japoneses llamaban a este espacio del bajo vientre, el hara. En occidente son las entrañas, lugar donde residen los instintos, y actualmente se le ha denominado el segundo cerebro. Lo cierto es que, anatómicamente, este espacio pélvico es la base de nuestro tronco, y su correcto posicionamiento permite que la postura se yerga, que el eje de la columna mantenga sus curvas, y que la persona pueda avanzar por el mundo, con estabilidad, elegancia, y dignidad. A nivel muscular, encontramos el suelo pélvico, espejo del diafragma, y reflejo del vínculo entre la respiración y las vivencias dentro de este espacio sagrado, como bien indica el nombre del hueso sacro que cierra el anillo pélvico. Si te sientes víctima, aferrada a tus historias pasadas, a tus creencias limitantes, a tus miedos, a tus expectativas y frustraciones, a tus enfados y a tus dolores, en el espacio pélvico podrás encontrar la fuerza para levantarte, erguir tu columna, respirar profundamente y caminar hacia el objetivo que te hayas marcado, desde una perspectiva empoderada y capaz de aceptar lo que es, adaptándote y recalculando una nueva ruta para llegar al destino, a tu misión. 1.- Lo primero, hacer consciente lo oculto y dormido, lo desconocido, lo automático y reflejo, lo reactivo. Verse en el espejo, sin juicio, con amabilidad. Conocer tu cuerpo. 2.- Después, podrás aprender nuevas formas más saludables de relacionarte contigo misma y con lo que te rodea. Una mente dirigida y entrenada a logras tus metas desde la serenidad. 3.- Ahora es momento de aplicar lo que has aprendido para borrar viejos patrones y vivir con coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Con profunda gratitud. 4.- Ya has dejado de ser víctima, y es el momento ideal para comenzar a disfrutar de nuevos proyectos, mejores relaciones, celebrar los logros, y vivir con sentido, empoderada. Resumen e idea principal: Lo que reprimes, lo íntimo y secreto, se expresa de formas inconscientes en el cuerpo, así como en tus pensamientos y creencias, en tus emociones y en tu vida cotidiana. Desde tu centro pélvico, podrás retomar las riendas de tu ser profundo y vivir una vida más plena.  

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